En los últimos meses se produjeron dos acontecimientos especialmente significativos. En abril 2026, Brasil sancionó una ley nacional que regula el ejercicio de la profesión de doula y, en Estados Unidos, el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) publicó en julio 2026, una nueva declaración titulada “Partnering with Doulas in Clinical Settings”, específicamente dirigida a la colaboración entre obstetras, ginecólogos y doulas en entornos clínicos.
Brasil: una ley nacional para el ejercicio de la profesión
El 8 de abril de 2026, Brasil sancionó la Ley Nº 15.381, que regula el ejercicio de la profesión de doula en todo el territorio brasileño. La norma entró en vigencia el mismo día de su publicación.
La ley define a la doula como la profesional que ofrece apoyo físico, informativo y emocional durante el embarazo, el parto y el puerperio, especialmente durante el trabajo de parto, con el objetivo de favorecer el bienestar de las personas que atraviesan estos procesos.
Entre los aspectos más relevantes se encuentran:
- Establece requisitos de formación para el ejercicio profesional.
- Reconoce el acompañamiento de la doula como parte de la atención multidisciplinaria durante el proceso perinatal.
- Establece que la doula es de libre elección de la persona gestante.
- Garantiza su presencia en maternidades, casas de parto y establecimientos públicos y privados cuando sea solicitada por la persona gestante.
- La presencia puede darse durante el trabajo de parto y el posparto inmediato, en distintos tipos de parto e incluso ante situaciones de aborto.
- La presencia de la doula no excluye al acompañante elegido por la persona gestante.
- Se prohíbe cobrar una tasa adicional por la presencia de la doula.
- La ley establece que la doula integra las redes de atención de salud, sin que esto implique un vínculo laboral con el establecimiento.
- Al mismo tiempo, establece límites claros. La doula no puede realizar procedimientos médicos, fisioterapéuticos o de enfermería, administrar medicamentos ni interferir en los procedimientos técnicos de los profesionales de salud.
Este último punto resulta especialmente importante porque reconocer un rol también implica delimitarlo.
La ley brasileña representa, por lo tanto, un avance significativo en términos de reconocimiento legal, definición del rol y derecho de la persona gestante a elegir este tipo de acompañamiento.
Estados Unidos: ACOG reconoce el valor de la colaboración con doulas
Otro acontecimiento reciente tuvo lugar en Estados Unidos. El 16 de julio de 2026, el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) publicó una nueva declaración titulada “Partnering with Doulas in Clinical Settings”.
Esta declaración del comité fue elaborada para promover la equidad en la atención obstétrica y ginececológica y cuenta con el respaldo de DONA International, Doula Trainings International, la Asociación Nacional de Doulas Negras y el Programa Nacional de Derecho Saludable.
No se trata de una ley ni de una regulación profesional. Su importancia está en otro lugar. Una de las principales organizaciones profesionales de obstetricia y ginecología de Estados Unidos está promoviendo explícitamente la colaboración entre doulas y equipos de salud.
La declaración sostiene que las alianzas entre doulas y profesionales pueden beneficiar tanto a las personas atendidas como a los equipos y a los propios sistemas de salud.
Entre sus principales recomendaciones, ACOG plantea que los obstetras y ginecólogos deberían:
- Conocer la práctica de las doulas y los beneficios de su trabajo.
- Construir equipos respetuosos y colaborativos que incluyan a las doulas.
- Informar a las personas gestantes sobre los diferentes roles que pueden desempeñar las doulas.
- Conocer los recursos disponibles para facilitar el acceso a este tipo de acompañamiento.
- Considerar las distintas formas de cobertura y acceso existentes.
- Apoyar y promover nuevas investigaciones sobre el trabajo conjunto entre doulas y equipos de salud.
La declaración también reconoce que existen diferentes tipos de doulas y diferentes vías de formación, y que no existe un único organismo certificador nacional. Al mismo tiempo, señala que la colaboración entre doulas y profesionales puede mejorar la comunicación, la atención centrada en la persona y la continuidad del cuidado.
Un aspecto particularmente interesante para pensar el rol actual de las doulas es que ACOG no limita la conversación exclusivamente a las doulas de parto. El documento menciona doulas vinculadas a salud menstrual, fertilidad, aborto, embarazo y nacimiento, posparto, pérdidas perinatales y duelo, además de doulas de fin de vida.
Esto dialoga directamente con una concepción más amplia de la doula como acompañante de procesos vitales y transiciones, y no únicamente del nacimiento.
¿Y qué sucede en Argentina?
El rol de la doula no se encuentra regulado específicamente en Argentina por una ley que establezca sus funciones y alcances profesionales. Esto no significa que su práctica sea, por sí misma, un ejercicio ilegal, sino que su tarea se desarrolla dentro del marco del acuerdo libre y voluntario establecido con cada mujer o persona gestante.
En nuestro país, la figura de la doula aparece mencionada en la “Guía para la atención del parto normal en maternidades centradas en la familia”, del Ministerio de Salud de la Nación.
El documento define a la doula como una persona capacitada para ofrecer contención afectiva durante el trabajo de parto y el parto, y señala que este tipo de acompañamiento puede resultar beneficioso para disminuir la ansiedad y el miedo, entre otros aspectos.
De esta manera, aunque en Argentina todavía no existe una regulación específica de la profesión, la figura de la doula cuenta con este antecedente dentro de un documento oficial de atención perinatal.
Un rol que continúa construyéndose
Son diferentes formas de reconocimiento y todavía existen desafíos en torno a la formación, los alcances y la articulación con los equipos de salud.
En este contexto, conocer los límites del rol y trabajar de manera complementaria con otros profesionales resulta fundamental para construir una práctica ética, clara y responsable.
El reconocimiento puede seguir creciendo sin perder de vista lo esencial del acompañamiento doula: estar presente, sostener, informar y respetar la autonomía de quien atraviesa el proceso.