El arte de ser doula

Una mirada sobre qué es y qué no es una doula, cómo acompaña, qué hace y cuáles son los límites de su rol y práctica.

El arte de ser doula

La palabra doula suele asociarse rápidamente al embarazo y al parto. Sin embargo, el acompañamiento de una doula puede abarcar mucho más.

Una doula acompaña procesos vitales, es decir, cambios, etapas y transformaciones que atravesamos a lo largo de la vida y que implican una reorganización de nuestra manera de estar en el mundo. Algunos son esperados, otros inesperados. Algunos llegan acompañados de celebración y otros de dolor. Todos pueden movilizar nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestros vínculos y nuestra manera de percibirnos.

Estos procesos pueden ir desde la preconcepción, la gestación, el parto y el puerperio, hasta abortos, duelos y otras transiciones como la menarquia, la perimenopausia, la menopausia y la muerte.

La figura de la doula parte de comprender que estos procesos no son solamente biológicos, sino también experiencias emocionales, corporales, vinculares, sociales y simbólicas.

Las doulas acompañamos procesos. Acompañamos decisiones.

No se trata de dirigir el camino ni de decirle a otra persona qué hacer, sino de ofrecer presencia, escucha, información, recursos y sostén para que pueda transitar su propio proceso con mayor autonomía y consciencia.

“Doulear es recibir, albergar, dar espacio, cobijo, abrir preguntas que nos lleven a sintonizar y dar lugar a la expresión de lo desconocido, de lo misterioso. Dejar la ilusión del control para sumergirnos en la vida”. Julia Gentile

¿A quiénes acompaña?

Una doula puede acompañar a mujeres, personas gestantes, parejas, familias y personas que atraviesan diferentes transiciones vitales.

En el ámbito perinatal puede acompañar:

  • La búsqueda del embarazo.
  • Procesos de fertilidad y reproducción asistida.
  • El embarazo.
  • La preparación para el parto.
  • El trabajo de parto y nacimiento.
  • El puerperio.
  • La adaptación a la llegada de un bebé.
  • Los cambios en la pareja y los vínculos.

Pero el acompañamiento doula, cómo comenté anteriormente, también puede extenderse a otros momentos:

  • Menarquia y primeros ciclos.
  • Procesos relacionados con el ciclo menstrual-ovulatorio.
  • Pérdidas gestacionales y abortos.
  • Duelos.
  • Perimenopausia.
  • Menopausia.
  • Otras transiciones vitales.
  • Procesos relacionados con la muerte.

No todas las doulas acompañan todos estos procesos. Cada profesional tiene su propia formación, experiencia, enfoque y alcance.

Por eso, parte de una práctica responsable es poder reconocer qué se puede acompañar y cuándo es necesario trabajar en conjunto con otros profesionales.

¿Cómo acompaña?

No existe una única manera de acompañar. Por eso me gusta la idea de “el arte de doulear”, ya que la práctica de una doula se construye en relación con la persona que acompaña, su momento vital, sus necesidades, sus deseos y el contexto en el que se encuentra, así como con los saberes, herramientas y la propia manera de ser, de quien está acompañando.

Actualmente, las doulas acompañan desde múltiples enfoques y perspectivas. Algunas trabajan desde modelos más enfocados en la información y educación para la toma de decisiones, mientras que otras integran miradas corporales, feministas, comunitarias, somáticas, espirituales o interdisciplinarias.

Más allá de las diferencias, el eje común del acompañamiento doula suele centrarse en:

  • La escucha y la presencia.
  • El respeto por la autonomía y las decisiones.
  • El sostén emocional y vincular.
  • La confianza en la fisiología.
  • La construcción de experiencias más cuidadas y humanizadas.

En un proceso de gestación, por ejemplo, el acompañamiento puede incluir espacios para conversar sobre expectativas, miedos y deseos, información para favorecer decisiones, recursos corporales y de movimiento, respiración, contacto, preparación para el parto y herramientas para que la persona y su red de apoyo puedan sentirse más seguras y preparadas.

Durante el trabajo de parto, el acompañamiento puede expresarse a través de la presencia, la escucha, el contacto físico, recursos de alivio, movimiento, respiración, sonido y sostén emocional.

También puede incluir aspectos mucho más simples como preparar un espacio, acercar agua, acompañar en silencio, cuidar la intimidad o simplemente estar.

“La historia se escribe sola, nosotras (las doulas) simplemente y grandiosamente estamos al servicio” - Dominique Vargas Riquelme

En el puerperio puede ofrecer sostén emocional y corporal, espacios de palabra y acompañamiento en la adaptación a una nueva dinámica.

En un duelo, puede abrir un espacio cuidado para poner en palabras lo vivido, expresar emociones, transitar la pérdida y, si la persona lo desea, crear rituales de cierre y significado.

En otras transiciones vitales, las herramientas y formas de acompañamiento serán diferentes, pero el principio permanece: presencia, escucha, información, sostén y respeto por la autonomía.

Lo que no es

Para comprender qué hace una doula también es necesario comprender qué no hace. La doula:

  • No es médica, obstetra ni partera.
  • No realiza prácticas médicas, clínicas o sanitarias.
  • No realiza diagnósticos.
  • No hace tactos.
  • No interpreta análisis, ecografías u otros estudios.
  • No indica medicamentos ni tratamientos.
  • No sustituye al equipo de salud.
  • No toma decisiones por la persona que acompaña.
  • No dirige ni controla el proceso de nacimiento.
  • No ocupa el lugar de la pareja, la familia o la red de apoyo.
  • No garantiza determinados resultados del parto.

Su tarea tampoco consiste en imponer una determinada manera de vivir el embarazo, el nacimiento, el duelo o cualquier otra transición.

Acompañar no es decidir por otra persona. Es ofrecer presencia, información y recursos para que pueda tomar sus propias decisiones desde un lugar de mayor autonomía.

Alcance y límites del rol

Conocer los límites del rol es tan importante como conocer sus posibilidades.

A hoy, el rol de la doula no se encuentra regulado en Argentina, por ninguna ley. La doula no hace un ejercicio ilegal, sino que su tarea se desenvuelve dentro del marco del acuerdo libre y voluntario realizada con cada mujer y persona gestante. Por eso es fundamental que cada doula conozca su formación, sus incumbencias y los límites de su práctica.

La doula trabaja de manera complementaria a los equipos de salud. No sustituye a profesionales médicos, obstétricos, de enfermería, psicología u otras disciplinas.

En caso de que la doula tenga algún otro tipo de preparación o formación profesional (psicología, yoga, reiki, osteopatía, por ejemplo) deber ser muy clara respecto de cuándo está ejerciendo cada rol y explicitarlo.

Cuando aparece una situación que excede su campo de acción, corresponde derivar y trabajar en red.

Reconocer los límites no reduce el valor del acompañamiento. Por el contrario, permite construir una práctica más ética, clara, responsable y respetuosa.

También es importante que cada doula pueda establecer y compartir con claridad el encuadre de su acompañamiento. Esto puede tomar la forma de un acuerdo, consentimiento o documento inicial en el que se explicite qué ofrece, cuál es su rol, cuáles son sus límites y qué situaciones quedan por fuera de sus incumbencias.

Este acuerdo permite que ambas partes sepan qué esperar del acompañamiento y hasta dónde llega la intervención de la doula, evitando confusiones con otros roles profesionales.

Bibliografía

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