Historia del movimiento de doulas

Desde las mujeres sabias y las redes comunitarias hasta el acompañamiento de hoy. Un recorrido por saberes compartidos, redes de cuidado y mujeres acompañando a mujeres a través del tiempo.

Historia del movimiento de doulas

Mucho antes de llamarnos doulas, ya existía el arte de acompañar. 

La figura de la doula tiene raíces ancestrales. Desde la antigüedad, el parto fue una competencia principalmente compartida entre mujeres. Los nacimientos eran acompañados por otras mujeres de la comunidad, madres, hermanas, parteras, vecinas o personas con experiencia conocidas históricamente como "mujeres sabias", brujas o hechiceras, que ofrecían presencia, sostén emocional, contención física y transmisión de saberes.

Estas figuras no solo poseían conocimientos sobre cuidados y plantas medicinales, sino que tenían un vínculo simbólico con la vida y la muerte. Este acompañamiento se considera un fenómeno universal y una adaptación evolutiva, ya que la asistencia facilitaba el manejo del recién nacido y brindaba seguridad emocional a la madre.

El parto era entendido como un acontecimiento fisiológico, social y comunitario, atravesado por rituales, redes de apoyo y cuidados compartidos.

La transformación del nacimiento.

A partir del siglo XVI, comenzó un proceso de desplazamiento de la mujer y la medicalización del parto, en el que los hombres empezaron a dirigir estos procesos, transformando un viaje espiritual y social en un procedimiento médico.

  • Durante la Inquisición, muchas sanadoras, curanderas tradicionales y parteras fueron perseguidas y quemadas, lo que marcó una lucha por el poder médico que duró siglos.
  • Con la medicalización del nacimiento, especialmente a partir del siglo XX, gran parte de estos saberes y formas de acompañamiento fueron desplazados hacia el ámbito hospitalario. El nacimiento dejó de ser un rito espiritual e íntimo para convertirse en un proceso médico-quirúrgico. El parto comenzó a institucionalizarse y a centrarse principalmente en el control médico y tecnológico, reduciendo la participación activa de las personas gestantes y sus redes de sostén.

El surgimiento de las doulas contemporáneas.

En este contexto comenzó a resurgir el movimiento de doulas contemporáneo.

El término “doula” proviene del griego antiguo y significa “mujer que sirve” o “mujer que acompaña”. Fue retomado en los años setenta por la antropóloga Dana Raphael para describir a las mujeres que acompañaban y sostenían a otras durante la maternidad y la lactancia.

Posteriormente, investigadores como Marshall Klaus y John Kennell (fundadores de la asociación DONA) comenzaron a estudiar el impacto del acompañamiento continuo durante el trabajo de parto. Sus investigaciones mostraron que la presencia sostenida y emocionalmente disponible de una acompañante podía mejorar la experiencia de parto y disminuir intervenciones médicas innecesarias.

A partir de allí, el movimiento de doulas comenzó a expandirse internacionalmente como una forma de recuperar el acompañamiento humano, emocional y vincular en los procesos de embarazo, parto y puerperio.

Un movimiento que recupera saberes y autonomía.

El movimiento de doulas también dialoga con los movimientos por los derechos sexuales y reproductivos, el parto respetado y la recuperación de saberes corporales históricamente invisibilizados.

La historia de las doulas es el relato de la recuperación de un espacio de soberanía femenina, devolviendo a la mujer el protagonismo y la confianza en su capacidad de parir a través de la presencia y el afecto de sus pares.

Recuperar esta historia también es recuperar la memoria de que nunca parimos solas.

Las formas de acompañar pueden transformarse, los contextos pueden cambiar y los saberes pueden dialogar con nuevos conocimientos, pero la necesidad de sentirnos cuidadas, escuchadas y sostenidas permanece.

Quizás el movimiento de doulas contemporáneo no sea solamente una recuperación del pasado, sino también una forma de construir nuevas maneras de acompañarnos en el presente, desde la información, la autonomía, la presencia y el cuidado.

Porque acompañar también es recordar que los procesos vitales deben ser atravesados en comunidad.

Comentarios
Unirse a la conversación
Escribe tu comentario…
Aún no hay comentarios en este artículo
Te puede interesar
Accede con tu cuenta de Orbitándonos
¿Ya tenes cuenta?
Iniciar sesión
Cerrar X