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Cuando el parto deja de ser fisiológico: relato personal y una cascada de intervenciones.

Lado A: mis sensaciones guardadas | Lado B: cascada de intervenciones.

Cuando el parto deja de ser fisiológico: relato personal y una cascada de intervenciones.

El lado A lo escribí un 26 de diciembre de 2023, nueve años después del nacimiento de Abril. Quizás un poco tarde para atesorar algunos detalles, pero hay sensaciones y emociones que permanecen grabadas en cada célula del cuerpo y resultan imborrables.

El lado B lo agrego ahora para dar marco y contexto, y para compartir información que permita a otras mujeres decidir por sí mismas: por su cuerpo y por el nacimiento que desean.

Lado A: mis sensaciones guardadas.

Un día como hoy, hace 9 años estaba yendo al obstetra para el control, con mi panza y mis 39 semanas y un embarazo más que saludable. Una Flor de 20 años, con miedos y mucha incertidumbre, pero siempre confiando en el profesional.

Recuerdo que en el consultorio me acosté en la camilla, me hizo un tacto, y me dice:

- 1cm de dilatación, te hice la maniobra …. (no recuerdo, no escuché, vacío mental), para desprender la membrana, quizás empieces con contracciones, anda controlando y hacé vida normal.

En ese momento no lo cuestioné. No entendí el porqué pero tampoco supe preguntarlo o si debía hacerlo. Estaba tranquila de que todo marchaba bien.

Nos fuimos del consultorio al supermercado a hacer las compras y me empecé a sentir rara. Notaba la panza dura con más frecuencia y tenía cierta incomodidad al estar parada.

Regresamos a casa y las contracciones continuaron con bastante regularidad. Había algo de incomodidad, pero no dolor. No recuerdo con exactitud, pero sí que empecé a controlarlas con una aplicación, eran cada 5 minutos y duraban entre 20 y 30 segundos. La sensación era más bien que solo se me ponía dura la panza.

Entonces llamé a la partera, quien después de escucharme, me indicó que nos veíamos a la noche en la clínica que, mientras tanto, me diera un baño y que ya no comiera ni tomara agua.

Los recuerdos son borrosos (estoy escribiendo el relato de parto 9 años después), pero tengo muy presente esa sensación de sed, de hambre, y a eso se sumaban la ansiedad, los miedos, la inseguridad de si finalmente Abril iba a llegar ese día.

Se hizo la hora de ir a la clínica. Agarramos los bolsos, llamé a mi mamá y mi entonces suegra, como para que estén al tanto, con esa ingenuidad (o negación) de madre primeriza diciéndoles que seguro me indicarían volver a casa, que era una falsa alarma.

Ya en la clínica, hicimos el ingreso en la guardia. Fui al baño y perdí el tapón mucoso. ¡CHAN! ¿Es hoy? El poco estado de relajación y tranquilidad que podía llegar a tener se transformó en nervios absolutos y ganas urgentes de que llegue la partera y me indique en dónde estábamos. El tapón mucoso no fue como imaginé, vi sangre y me asusté.

Cuestión, no regresamos a casa. Jueves 26 de diciembre de 2013, alrededor de las 22 hs, me llevan a la sala de prepartos. Ahí me ponen el suero con goteo para inducir el parto, me conectan para monitorear a Abril y me hacen un tacto, resultado 1 cm de dilatación.

Recuerdo estar muy incómoda. Las contracciones eran muy seguidas, tenía miedo de mover el brazo por la aguja y además estaba sujeta con el abrojo del monitoreo. Tenía sed, hambre y solo quería estar sola con Matías, el papá de Abril. La sed era mucha y como "no podía” tomar nada, me mojaron los labios con un algodón remojado en agua.

Más tarde vuelven, me hacen otro tacto y, esta vez, tengo 2 cm. Entonces deciden romperme la bolsa.

Ahora con el diario del lunes, ya voy encastrando las piezas del rompecabezas. Nuevamente en ese momento no lo cuestioné. No entendí el porqué pero tampoco supe preguntarlo o si debía preguntarlo. Estaba tranquila de que todo marchaba bien. Me sentía entregada y con el chip “ellos saben lo que hacen” frente al “buen trato” que recibía.

Acá me detengo y me adelanto un poco con el desenlace de mi relato, jamás me sentí “abusada” o “no respetada” porque el trato siempre fue “bueno”. Este “buen trato” sumado la falta de información, la vulnerabilidad plena y el hecho de ser madre primeriza, hizo que yo asintiera sin cuestionamiento alguno.

Volviendo al relato, al romperme la bolsa todo cambió. Aparecieron los dolores y un “tenemos que ir a cesárea, Abril es meconial, no hay tiempo para esperar la dilatación porque puede sufrir una intoxicación”. Todo pasó en cuestión de minutos. Ok, hagamos lo que hay que hacer.

Esperamos a que se comuniquen con el obstetra. Las contracciones y el dolor iban en aumento, pero estaba acompañada de mi pareja y había encontrado la posición para sortear las olas de las contracciones. Un respiro que duró poco, ya que minutos más tarde me quedé sola. Se llevaron a Mati para prepararlo y a mí al quirófano.

A la salida de la sala de preparto me cruzo en el pasillo con mi mamá y mi ex suegra y me pongo a llorar. Me abrazaron y me dieron un beso. Si, definitivamente Abril iba a nacer en breve.

Lo que vino después no lo recuerdo bien. Solo sé que me sentía sola, incómoda porque me pasaron a una camilla super finita y fría, ya no podía acomodarme de costado, las contracciones me dolían, Matias no llegaba, el obstetra tampoco, me hablan y no sé de qué.

Momento de la epidural me dicen: -Vas a sentir todo, pero no el dolor.

Yo aterrorizada por el historial de mi mamá, a quien no le había tomado la anestesia y sintió cómo le hacían la incisión.

Siguen pasando los minutos, siento frío, hambre y mucha sed. Llega el obstetra, estoy acostada, me empiezan a limpiar la panza, siento todo, me atan con los brazos abiertos (si un horror), me ponen la cortina para no ver, sigo sola, Mati no llegaba y yo quería que esté.

En eso entra, todo pálido. Le pregunto si vió algo y me dice que estaba todo ok. Atino a decirle que tengo miedo de que la anestesia no me tome. Salta el médico para decirme: -Ya estás abierta, está todo bajo control.

Le sonrío a Mati, entre los nervios y la ilusión. En eso, la partera se para detrás de mí, me aprieta y empuja la panza, bajan la cortina y ahí ya no me importó nada.

Esa maniobra que me hicieron, se llama Kristeller. El uso de esta maniobra se considera una mala práctica, y está desaconsejada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En ese momento yo no tenía esa información. Nuevamente, estaba entregada por el “buen trato” y en "confiar" plenamente en los profesionales.

La vi salir. La vi nacer. Ahí estaba Abril. Recuerdo que estaba toda hecha un bollito, con sus rollitos, su piel rosita, con mucho pelo negro, dormida a tal punto que ni se enteró. Abrió los ojitos por tanto manoseo y se escucha su primer llanto. Mi cuerpo se llenó de oxitocina y felicidad pura. Lloré y me reí. Me la acercaron para darle un besito y ese olorcito… vida, llevame un ratito a ese momento exacto, por favor.

Ahí estaba, un 27 diciembre 1:15 am conocía su carita, la que me imaginé durante 9 meses. Qué momento tan maravilloso.

Cortaron el cordón y se fue junto con Mati a que la pesen, limpien y todo el protocolo que hoy, con la información que tengo, considero totalmente innecesario.

De ahí en más no vale la pena contar demasiado. Tampoco me acuerdo mucho. Yo solo quería que terminaran, me desataran y tenerla a upa a Abril. No sé cuánto tiempo pasó, pero en la sala de posparto, me encontré con ellos. La prendí a la teta y, por suerte, de ahí en más, no se separó más de mí.

Si me preguntan, tuve una cesárea maravillosa. Vi nacer a Abril y guardo el tinte del recuerdo de una felicidad inmensa y la oxitocina super presente. Creo que por eso me es difícil encontrar los abusos. Porque mi relato es feliz, por el nacimiento de mi hija, por el “buen trato” del equipo médico, pero esto último no habilita a que decidan sobre mi cuerpo y sobre mi parto…

Me había comprado un libro sobre partos, soñaba con un parto fisiológico y no fue posible. Quedarme en el “qué hubiera pasado si´” no me sirve de mucho, pero contarlo me parece super necesario. Porque por más que exista un buen trato, cordialidad, y “respeto”, eso no habilita a decidir sobre el cuerpo de una. Además, mi experiencia puede servirle a otras mujeres gestantes para prestar atención e informarse.

A los años, en la búsqueda de entender algunas partes de lo que sucedió, de por qué con un embarazo saludable, en mi semana 39, terminé en una cesárea, averigüé que la maniobra que me hicieron se llama Maniobra de Hamilton, también conocida como separación de membranas.

Es una maniobra que realiza la partera o el/la obstetra cuando hay algo de dilatación del cuello del útero para intentar que la mujer se ponga de parto. A través de un tacto vaginal, realizando un movimiento circular con los dedos, se separan las membranas del útero.

Esta maniobra provoca la liberación de prostaglandinas, lo que aumenta las probabilidades de que el parto se desencadene en las siguientes 48 horas, reduciendo así el uso de otros métodos para inducir el parto.

Motivos para realizar esta maniobra, no los encuentro porque no los hay, más que el abuso y la falta de consentimiento. Insisto, 39 semanas de un embarazo que aún no estaba en término, y fue más que saludable, con monitoreos sin señales de alarma.

Hoy, en retrospectiva, lo veo claro, me indujeron el parto sin necesidad alguna, más que digitar tiempos y, por qué no, generar el escenario que terminó en una cesárea.

Mi relato sigue siendo feliz, nadie me va a quitar todas las emociones y sensaciones que están guardadas tanto en mi cuerpo como en mi mente. Si la vida me regala volver a gestar, hoy por suerte me encuentro de otra forma, más segura y más preparada.

Pero si te invito a reflexionar y pensar que, como mujeres tenemos el derecho de decidir cómo queremos parir y nadie nos lo puede quitar. Tenemos que seguir luchando y no bajar los brazos para seguir recuperando espacios que nos fueron arrebatados.

Informate y decidí por vos, por tu cuerpo y por el nacimiento que querés para traer de este lado de la piel a tu bebé ♥

Nos deseo maternidades deseadas, nacimientos respetados/acompañados y puerperios/crianzas en tribu.

Lado B: cascada de intervenciones.

Cómo cada intervención fue habilitando la siguiente

Las intervenciones que menciono son las que recuerdo, si hay más la verdad no están en mi registro. Escribí este relato de parto nueve años después, por lo que seguramente esté atravesado por el paso del tiempo, con recuerdos sesgados y momentos olvidados.

Mirándolo hoy, con información y distancia, puedo ver con más claridad cómo cada intervención fue preparando el terreno para la siguiente, formando lo que hoy puedo nombrar como una cascada de intervenciones.

Todo esto ocurrió, además, en un contexto particular. Un embarazo cursado entre fiestas, cuando los tiempos médicos suelen imponerse sobre los tiempos del cuerpo, favoreciendo decisiones apresuradas y un menor margen para la espera que la fisiología requiere.

Todo comenzó con la maniobra de Hamilton, una separación de membranas realizada sin información ni consentimiento previo, en un embarazo saludable de 39 semanas. Esa maniobra tuvo como efecto adelantar e intensificar el inicio del trabajo de parto, desencadenando contracciones inducidas y marcando el ritmo del proceso desde afuera, y no desde el cuerpo.

A partir de ahí, se indicó el ingreso a la clínica y, con ello, la restricción de alimentos y líquidos. El ayuno, lejos de no tener consecuencias, impactó directamente en mi energía física y emocional, apareció el cansancio, la sed, el hambre y una mayor vulnerabilidad corporal, justo en un momento en el que el cuerpo necesita sostén, fuerza y recursos.

Ya dentro de la institución, la colocación de la vía intravenosa funcionó como respuesta a esa restricción previa, pero también como una nueva intervención en sí misma. La vía limitó mi movilidad, aumentó la incomodidad y dejó el escenario preparado para la administración dela oxitocina sintética.

A través de esa misma vía se administró oxitocina sintética, lo que modificó profundamente la dinámica de las contracciones. Estas dejaron de responder al ritmo fisiológico del cuerpo y pasaron a ser más intensas, más seguidas y más dolorosas. Al mismo tiempo, la oxitocina sintética inhibió la producción natural de oxitocina y endorfinas, afectando tanto la percepción del dolor como mi estado emocional.

Con contracciones más fuertes y un cuerpo cada vez más exigido, se indicó el monitoreo electrónico fetal continuo. Esto redujo aún más mis posibilidades de movimiento, me mantuvo en la cama y me desconectó de recursos de alivio y autorregulación como el movimiento libre, las posturas que mi cuerpo necesitaba o el uso de otros recursos.

La inmovilidad y el entorno estimularon el estrés, afectando directamente en mis hormonas y frenando el proceso natural del parto. Ante un progreso considerado “lento”, se decidió realizar la rotura artificial de bolsa. Esta intervención aceleró todavía más el ritmo de las contracciones, intensificando el dolor y aumentando la sensación de urgencia. A su vez, la rotura de bolsa elevó el riesgo de intervenciones posteriores al modificar el entorno intrauterino y acotar los tiempos del proceso.

En ese contexto, apareció el diagnóstico de “bebé meconial” y la idea de que “no había tiempo para esperar”. La seguidilla previa de intervenciones había generado un escenario de estrés, contracciones intensas y poco margen de espera para que la fisiología se despliegue con sus tiempos, lo que derivó en la indicación de cesárea como salida.

Durante la cesárea, incluso, se realizó la maniobra de Kristeller, una práctica desaconsejada, que vuelve a mostrar cómo la lógica intervencionista se sostuvo hasta el final del proceso.

Nada de esto ocurrió de manera aislada. Cada decisión fue consecuencia de la anterior, y cada intervención fue reduciendo un poco más el espacio para que el parto pudiera desplegarse desde la fisiología. 

Las intervenciones

Las investigaciones sugieren que, a menos que exista una indicación médica clara, interferir con el proceso natural del trabajo de parto y el parto no suele ser beneficioso y, en muchos casos, puede resultar perjudicial. Muchas veces no se trata de una sola intervención aislada, sino de una cascada de intervenciones, donde una habilita a la siguiente.

A continuación comparto información sobre las intervenciones a las que fui expuesta. Existen otras y hay mucho más para investigar al respecto. Ojalá este material pueda ser una puerta para que sigas informándote y, siempre que lo necesites, estoy para acompañarte.

Desprendimiento de membranas (Maniobra de Hamilton)

La maniobra de Hamilton, o separación de membranas, consiste en introducir el dedo índice a través del cuello uterino y despegar las membranas amnióticas de la pared del útero, con el objetivo de incrementar la liberación de prostaglandinas endógenas responsables del borramiento del cuello uterino y de favorecer el inicio de las contracciones.

Muchas mujeres registran esta maniobra como muy dolorosa, incluso más que los tactos habituales. Su realización sin información ni consentimiento constituye una vulneración, especialmente cuando no existe una indicación médica clara.

Restricción de alimentos y líquidos

Restringir alimentos y líquidos durante el trabajo de parto es una tradición obstétrica ampliamente aceptada. Esta práctica comenzó hace aproximadamente 50 años, cuando las mujeres daban a luz bajo anestesia general y sin protección de las vías aéreas. Se creía que el ayuno reducía el riesgo de broncoaspiración en caso de vómitos.

Sin embargo, las técnicas anestésicas han mejorado enormemente:

  • La anestesia general prácticamente ha desaparecido en la obstetricia moderna.
  • La broncoaspiración es extremadamente rara.
  • Ningún período de ayuno garantiza un estómago vacío.
  • Los líquidos claros abandonan el estómago casi de inmediato.

Por estas razones, muchos sistemas de salud ya no restringen la ingesta en trabajos de parto normales. Tanto la Sociedad Americana de Anestesiólogos (ASA) como el Colegio Americano de Obstetricia y Ginecología (ACOG) recomiendan permitir líquidos claros a mujeres de bajo riesgo durante el trabajo de parto.

Vía intravenosa y uso de sueros

La colocación rutinaria de una vía intravenosa (IV) se ha utilizado para prevenir la deshidratación, especialmente cuando se restringen alimentos y líquidos, y para contar con un acceso rápido a una vena ante una emergencia.

Sin embargo, su uso sistemático también ha sido cuestionado:

  • Las emergencias que ponen en riesgo la vida son poco frecuentes en partos de bajo riesgo.
  • Los sueros no aportan la energía ni la nutrición que brindan los alimentos y líquidos.
  • Muchas mujeres encuentran la canalización dolorosa, estresante o incómoda.
  • La vía limita el movimiento libre y el cambio de posiciones.

De acuerdo con el Cochrane Pregnancy and Childbirth Group, el uso rutinario de suero intravenoso no resulta beneficioso en trabajos de parto normales.

Oxitocina sintética

Se denomina “goteo” a la administración endovenosa de medicación, en este caso oxitocina sintética. Se utiliza para activar o intensificar las contracciones durante una inducción, el trabajo de parto o el alumbramiento.

Las diferencias entre la oxitocina endógena y la sintética son significativas:

  • La oxitocina endógena genera contracciones en forma de ola, desde el fondo del útero hacia el cuello, favoreciendo el descenso y la expulsión del bebé. La sintética genera contracciones más uniformes, intensas y, muchas veces, más dolorosas.
  • La oxitocina endógena propicia un estado de conexión, disfrute y enamoramiento, fundamental para el registro emocional del nacimiento y el vínculo temprano. La oxitocina sintética no atraviesa la barrera hematoencefálica, por lo que carece de estos efectos.
  • La oxitocina endógena forma parte de una compleja danza hormonal, junto con endorfinas y otras hormonas del parto, que se regula instante a instante. La sintética inhibe esta producción natural y no tiene la capacidad de adaptarse finamente a cada situación.

Monitoreo electrónico fetal continuo (MEF)

Para generar un contexto propicio para el parto es fundamental no estimular el cerebro racional y preservar la fisiología del proceso. Pero ¿cómo lograrlo cuando estamos conectadas a un dispositivo que amplifica permanentemente los latidos del bebé?

El uso continuo del monitoreo electrónico fetal restringe la movilidad, suele implicar permanecer en la cama y limita el acceso a recursos de confort como la ducha, la bañera, la pelota o el movimiento libre.

Según el ACOG y la Association of Women’s Health, Obstetric and Neonatal Nurses (AWHONN), las mujeres sanas y sin complicaciones pueden ser monitoreadas mediante auscultación intermitente o MEF intermitente.

Los estudios muestran que no hay diferencias en los resultados para el bebé. Sin embargo, las mujeres sometidas a MEF continuo presentan mayores tasas de cesárea. Por eso, el ACOG sugiere priorizar la auscultación como estrategia para disminuir el índice de cesáreas.

Rotura artificial de bolsa

La rotura de bolsa es un procedimiento que suele realizar la partera o el/la médico/a con un instrumento que pincha o rompe la bolsa. Se trata de otra práctica muchas veces innecesaria, ya que la bolsa suele romperse espontáneamente con la presión del bebé. Incluso existen nacimientos en los que el bebé nace con la bolsa intacta.

Si bien la bolsa en sí no tiene terminaciones nerviosas, es una práctica invasiva que acelera las contracciones, aumenta su intensidad y frecuencia, y suele conducir al pedido de anestesia. Esto alimenta nuevamente la cadena o cascada de intervenciones.

Maniobra de Kristeller

La maniobra de Kristeller consiste en ejercer una fuerte presión sobre el fondo del útero para forzar el descenso del bebé. Puede realizarla personal de salud, incluso subiéndose sobre el cuerpo de la mujer.

Es una práctica desaconsejada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en partos sanos, ya que no existen evidencias claras de su utilidad y puede provocar desgarros, lesiones graves e incluso rotura uterina.

Es tan violenta como suena: causa dolor físico y, muchas veces, miedo.

Algunas reflexiones finales

La verdad es que muchas intervenciones suelen ser innecesarias. El verdadero valor está en saber acompañar la fisiología del parto y en tener claras las señales de alarma, para que el conocimiento y la tecnología actuales funcionen como puentes de retorno a la fisiología, y no como obstáculos.

Las intervenciones, cuando están bien indicadas, implementadas en el momento justo y realizadas de forma respetuosa, cobran dimensión de milagro y permiten salvar vidas. El problema no es la intervención en sí, sino su uso rutinario, sin información ni consentimiento.

Para tener en cuenta:

  • Toda intervención tiene consecuencias.
  • Cada intervención oportuna puede ser un puente de regreso a la fisiología.
  • Preguntarnos siempre:
    • ¿Hay una señal de alarma real? ¿Hay un pedido?
    • ¿Hay información y consentimiento?
    • ¿Qué se busca con esa intervención? ¿Qué aporta?
    • ¿Qué interfiere? ¿Cuáles son los riesgos?

Bibliografía

  • Prácticas de Atención y Cuidados que Promueven el Parto Natural #4: No realizar intervenciones de rutina.
    Consejo de Educación de Lamaze International.
    Autoras: Judy Lothian, Debby Amis, Jeannette Crenshaw.
  • Nosotras parimos: Guía para un parto respetado.
    Verónica Marcote.

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